domingo, 14 de noviembre de 2010

El fantasma de la ópera - Gaston Leroux

He disfrutado tanto leyendo este libro que he podido sentir en mi propia persona la tragedia del hombre desfigurado que oculta su rostro tras una máscara, desterrado a vivir en las profundidades de la tierra, siempre escondiéndose; la pasión de Christine que se debate entre el amor que siente por su amigo de la infancia, el Vizconde de Chagny, y el terror que empieza a sentir por ese demonio que vive en las profundidades de la ópera y que ha cautivado su alma con esa voz que haría llorar a los mismos ángeles, una voz por la que se siente tan atraída que olvida incluso quién es ella misma.
Todos más o menos conocemos o hemos oído la historia del fantasma de la ópera. Además existen varias adaptaciones cinematográficas y teatrales. Recuerdo haber visto la película varias veces en la televisión, cuando era pequeña, pero el libro me ha fascinado.
En él se nos muestra un personaje muy complejo, que es visto al mismo tiempo como genio admirable y como monstruo; rechazado por la humanidad desde el mismo momento de su nacimiento (ni siquiera su madre le permitía que le diera un beso).
Me quedo con este fragmento del epílogo:
" ¡Pobre desventurado de Erik! ¿Hay que compadecerlo? ¿Hay que maldecirlo? No pedía ser más que alguien como los demás. ¡Pero era demasiado feo! Tuvo que ocultar su genio, o jugar con él, cuando, de tener un rostro normal, hubiera sido uno de los hombres más nobles de la raza humana. Tenía un corazón en el que habría cabido un imperio, pero tuvo que contenerse con una cueva".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Vril, el poder de la raza venidera - Edward Bulwer-Lytton

Edward Bulwer-Lytton fue un escritor del siglo XIX que tocó todos los géneros literarios (poesía, novela y teatro).
Descubrir este libro ha sido una grata sorpresa para mí ya que no estoy muy acostumbrada a leer novelas de fantasía futurista, pero creo que éste puede ser un buen comienzo.
En primer lugar he de destacar que para ser un autor del siglo XIX no se hace nada cargante, se trata de una novela muy fluida y fácil de leer, con breves capítulos y un vocabulario apto para cualquier edad. La historia te engancha desde la primera página, de hecho a mí se me hizo corto, me quedé con ganas de más.
Las descripciones que hace en los primeros capítulos me recuerdan a las que nos "dibujaba" Julio Verne en su "Viaje al centro de la Tierra".
No quiero destriparos el argumento, prefiero que leáis el libro y me contéis vuestras impresiones. Sólo explicar que esta novela se engarza dentro de una tradición de utopías negativas y, la verdad, te hace plantearte algunas cuestiones políticas y filosóficas.


martes, 26 de octubre de 2010

De ratones y hombres - John Steinbeck




George Milton es un hombre delgado, bajito y de nariz afilada que viaja siempre junto a su amigo
Lennie Small; un "niño grande", fuerte y tremendamente corto de miras, con una memoria que hace que olvide incluso lo que acaba de escuchar, pero con un gran corazón.
Ambos viajan por el mundo, saltando de un trabajo a otro, siempre huyendo de los líos en los que se mete Lennie sin quererlo y muchas veces sin saberlo, tratando de ganar algo de dinero que les permita sobrevivir.
Su última parada será en un rancho, al que llegan con la ilusión de ahorrar unos dólares para comprar un pequeño terreno y poder asentarse. Pero las cosas se complicarán...

Es una novela llena de ternura y crudeza al mismo tiempo, cuyo desenlace no dejará a nadie indiferente.

jueves, 14 de octubre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - textos (III)

Los médicos afirman que muere más gente de noche que de día. La noche es el miedo.
De noche se está indefenso, a merced de lo astuto, de la astuta muerte.
Sin embargo, yo prefiero la noche, porque de noche (gracias a las drogas) duermo. Además de que las más fuertes tentaciones de suicidio las he tenido de día.

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¿Por qué las ejecuciones tienen lugar al amanecer?
El hombre abre el día poniéndose la toga y matando.

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A media tarde, hay un momento en que algo se quiebra. Los enfermos empiezan a tener fiebre, los pájaros a chillar, el trepidar de los motores de las barcas es otro, más opaco y encauchutado. De pronto, el sol se pega un tiro en la sien y se va; y la tierra entra en la gran melancolía.
A media tarde, algo me desasosiega. Como si dudara entre ser el que fui o el que seré. Como si hubiera robado a otro hombre, con insolencia, el corazón que me late. Veo radiografías por todas partes. Y si salgo a la terraza, el viento me trae recuerdos no míos, deseos de oler, nostalgia de islas que no he habitado o que ni siquiera existen.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - textos (II)

Mi madre seguía interrogándome con la mirada.
"¿Qué te propones, hijo?"
Mi madre no ha comprendido nunca ni a los estetas ni a los estoicos. Es vida, vida fluente y cree en la resurrección. Le dolió que le sacaran una muela porque dijo que una parte de su ser -extirpada- dejaría de amar a sus hijos. Mi madre tiene en el fondo de los ojos una habitación para cada hijo y por entonces yo ocupaba la más oscura.
Ahora sé que mi madre estaba en un error. Su muela extirpada seguía siendo suya, seguía amando. A mí me duelen incluso los cabellos que me han cortado, el agua que he sudado hace años, las risas de mi niñez.
En lo más hondo de mí hay un cementerio al que va a parar todo lo que de mí aparentemente muere.

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Signos de derrumbamiento:
No me lavo los pies. Me calzo los calcetines del revés. Camino impávido, sin sortear los charcos. Hurgo en los bolsillos buscando migas o algo que morder. Pronuncio para adentro sílabas inconexas: mu, si, jo, pa...
Cruzo la calzada aunque los tranvías estén muy cerca.

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La depresión me ha electrocutado el alma.

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No tengo curiosidad. ¿Para qué? Cuando veo salir el sol pienso en su crepúsculo.
El periódico no puede traer nada que no haya ya ocurrido.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - textos

Las deudas me hacían sufrir ¡claro que sí...! Toda la ciudad me miraba irónicamente. Era como si infinitos dedos me arañasen el corazón. Pero el cerebro conseguía a menudo independizarse, pensar sólo en cosas agradables. O podía, simultáneamente, gozar y sufrir por zonas. Ahora he descubierto que el ser es una unidad y sufro enteramente. Por entonces, me bastaba con una taza de café -de pie en la barra de un bar- o con encender un pitillo para cambiar totalmente el estado de ánimo. Ahora, con el vértigo, no puedo estar de pie; y el olor del bar me marea; y no puedo fumar. Y nada, ni un cataclismo, cambiaría mi estado de ánimo.
Lo siento por mí, mucho, mucho. Porque tenía una gran capacidad para ser feliz y mi madre profetizó muchas veces que lo sería.
Pero lo siento más aún por mi mujer, cuyos ojos luchan, pero están tristes.

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A veces, veía de lejos a mi padre. Caminaba arrastrando un poco los pies, con el sombrero colocado con descuido. Había en él algo de fatiga moral, prematura. Parecía estar pensando puñales. Yo lo seguía a distancia, avergonzado. Sabía que algunos de estos puñales eran míos.
Mi madre ha tenido siempre más energía. Ha sido siempre más fanática. Cree con firmeza en unas cuantas cosas y esto ayuda mucho. Yo no creo sino en la Duda y si llevara sombrero éste me colgaría de una oreja.

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Mi mujer, mezcla de espíritu infantil y de madurez, siempre soñaba con pequeños y grandes inventos prácticos.
-¿Por qué no se inventan, para el invierno, unos zapatos con suela calorífera?
-¿Por qué no se envasa, en verano, la energía solar?
-¿Por qué no hay medias cuyos puntos no se corran?
-¿Por qué hay que llevar durante nueve meses el hijo en el vientre?
Ahora querría inventar algo que me curara la depresión. A veces, en la terraza, medita, comiéndose pedazos de piel. Medita esto, no cabe duda. Querría verme reír. Con oírlo no le bastaría. Porque no hay sonidos que puedan parecerse tanto como los de la risa y el llanto.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - José Maria Gironella

Este libro es una selección de textos que el propio autor publicó en 1958 con el mismo título.
En ellos nos cuenta la experiencia más terrible de su vida, una depresión que duró 5 años (si mal no recuerdo) durante los cuales escribió más de ocho mil folios a mano con temas diversos, entre ellos, un análisis retrospectivo de su enfermedad y un buen puñado de textos inconexos, pergeñados en estado de sonambulismo, al despertar de los electroshocks.

Como el propio autor expresó en una conferencia en París en 1957:
"Estoy seguro de que todos ustedes comprenderán que lo que me mueve a hablarles de experiencias psíquicas, de experiencias psíquicas mías, vividas por mí, no es el egoísmo, el deseo de poner en primer plano mi persona. La verdad es que cuatro años de dolor incesante me han inmunizado en gran medida contra la vanidad. He decidido hablarles de esto porque creo que tiene un interés humano directo; directo y además entroncado con nuestra época. Ocurre que estoy muy cansado de divagaciones literarias y creo que lo que interesa a la gente es la vida."

"Los conceptos de razón y locura son conceptos tan relativos, que no me pueden lesionar. Actos que realizados a la edad de cinco años consideramos normales - alinear sillas y sentenciar: esto es un tren -, realizados a los quince se convierten en locura: desde este ángulo la locura vendría a ser una cuestión de tiempo."


A continuación, y durante días sucesivos, iré escribiendo una selección de los "textos inconexos":

"Yo era un hombre de mucha salud, muy optimista y de gran vitalidad. Durante años no sentí mi cuerpo. Respiraba hondamente y nada me dolía. Podía trabajar horas y horas sin notar más que una fatiga normal. Si se organizaba una reunión y a una hora avanzada de la noche alguien manifestaba cansancio o deseos de retirarse, yo miraba a ese alguien con una mezcla de incomprensión y de desprecio. Sí, confieso que no comprendía a los enfermos. Me parecía que manchaban el mundo, que entorpecían su marcha. Muchas veces fui injusto y cruel."




lunes, 6 de septiembre de 2010

En el castillo de Argol - Julien Gracq

No sé muy bien por dónde empezar...
Lo único que puedo afirmar sobre el libro es que aún sigo tirándome de los pelos, he sido incapaz de leerlo, con todo el esfuerzo de mi persona sólo he conseguido tragarme la mitad de la obra. Por Dios... seguro que hay quien lo considera una obra maestra, una joya de la literatura, etc, pero yo tengo que desahogarme o reviento: menudo truño!!!!!!
- Descripciones demasiado profundas, pesadas y extensas que, en ocasiones, más que facilitar la visualización del elemento descrito, la dificultan. (No puedes pasarte un capítulo entero describiendo un castillo columna por columna).
- Abundantes alusiones a temas y textos filosóficos
- Enreda tanto las oraciones que se llegan a hacer incomprensibles
A su favor diré que emplea un vocabulario rico y amplio.