sábado, 14 de mayo de 2011

El lobo estepario (fragmentos)

El lobo estepario era un hombre de unos cincuenta años, que hace algunos fue a casa de mi tía buscando una habitación amueblada. Alquiló el cuarto del doblado y la pequeña alcoba contigua, volvió a los pocos días con dos baúles y un cajón grande de libros, y habitó en nuestra casa nueve o diez meses. Vivía muy tranquilamente y para sí, y a no ser por la situación vecina de nuestros dormitorios, que trajo consigo algún encuentro casual en la escalera o en el pasillo, no hubiésemos acaso llegado a conocernos, pues sociable no era este hombre; al contrario, era muy insociable, en una medida no observada por mí en nadie hasta entonces; era realmente, como él se llamaba a veces, un lobo estepario, un ser extraño, salvaje y sombrío, muy sombrío, de otro mundo que mi mundo. Yo no supe, en verdad, hasta que leí estas sus anotaciones, en qué profundo aislamiento iba él llevando su vida a causa de su predisposición y de su sino, y cuán conscientemente reconocía él mismo este aislamiento como su propia predestinación.

domingo, 3 de abril de 2011

El curioso incidente del perro a medianoche (fragmento)

Terry, que es el hermano mayor de Francis, que va a la escuela, dijo que yo sólo encontraría trabajo de recogedor de carritos en el supermercado o de limpiador de mierda de burro en una reserva de animales y que a los tarados no les dejaban pilotar cohetes que cuestan billones de libras. Cuando le dije eso a Padre, dijo que Terry tenía celos de que yo fuera más listo que él. Lo cual era una idea estúpida, porque lo nuestro no era una competición. Pero Terry es estúpido, así que quod erat demonstrandum, que en latín quiere decir "que es la cosa que iba a demostrarse", es decir, "que prueba lo dicho".


domingo, 14 de noviembre de 2010

El fantasma de la ópera - Gaston Leroux

He disfrutado tanto leyendo este libro que he podido sentir en mi propia persona la tragedia del hombre desfigurado que oculta su rostro tras una máscara, desterrado a vivir en las profundidades de la tierra, siempre escondiéndose; la pasión de Christine que se debate entre el amor que siente por su amigo de la infancia, el Vizconde de Chagny, y el terror que empieza a sentir por ese demonio que vive en las profundidades de la ópera y que ha cautivado su alma con esa voz que haría llorar a los mismos ángeles, una voz por la que se siente tan atraída que olvida incluso quién es ella misma.
Todos más o menos conocemos o hemos oído la historia del fantasma de la ópera. Además existen varias adaptaciones cinematográficas y teatrales. Recuerdo haber visto la película varias veces en la televisión, cuando era pequeña, pero el libro me ha fascinado.
En él se nos muestra un personaje muy complejo, que es visto al mismo tiempo como genio admirable y como monstruo; rechazado por la humanidad desde el mismo momento de su nacimiento (ni siquiera su madre le permitía que le diera un beso).
Me quedo con este fragmento del epílogo:
" ¡Pobre desventurado de Erik! ¿Hay que compadecerlo? ¿Hay que maldecirlo? No pedía ser más que alguien como los demás. ¡Pero era demasiado feo! Tuvo que ocultar su genio, o jugar con él, cuando, de tener un rostro normal, hubiera sido uno de los hombres más nobles de la raza humana. Tenía un corazón en el que habría cabido un imperio, pero tuvo que contenerse con una cueva".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Vril, el poder de la raza venidera - Edward Bulwer-Lytton

Edward Bulwer-Lytton fue un escritor del siglo XIX que tocó todos los géneros literarios (poesía, novela y teatro).
Descubrir este libro ha sido una grata sorpresa para mí ya que no estoy muy acostumbrada a leer novelas de fantasía futurista, pero creo que éste puede ser un buen comienzo.
En primer lugar he de destacar que para ser un autor del siglo XIX no se hace nada cargante, se trata de una novela muy fluida y fácil de leer, con breves capítulos y un vocabulario apto para cualquier edad. La historia te engancha desde la primera página, de hecho a mí se me hizo corto, me quedé con ganas de más.
Las descripciones que hace en los primeros capítulos me recuerdan a las que nos "dibujaba" Julio Verne en su "Viaje al centro de la Tierra".
No quiero destriparos el argumento, prefiero que leáis el libro y me contéis vuestras impresiones. Sólo explicar que esta novela se engarza dentro de una tradición de utopías negativas y, la verdad, te hace plantearte algunas cuestiones políticas y filosóficas.


martes, 26 de octubre de 2010

De ratones y hombres - John Steinbeck




George Milton es un hombre delgado, bajito y de nariz afilada que viaja siempre junto a su amigo
Lennie Small; un "niño grande", fuerte y tremendamente corto de miras, con una memoria que hace que olvide incluso lo que acaba de escuchar, pero con un gran corazón.
Ambos viajan por el mundo, saltando de un trabajo a otro, siempre huyendo de los líos en los que se mete Lennie sin quererlo y muchas veces sin saberlo, tratando de ganar algo de dinero que les permita sobrevivir.
Su última parada será en un rancho, al que llegan con la ilusión de ahorrar unos dólares para comprar un pequeño terreno y poder asentarse. Pero las cosas se complicarán...

Es una novela llena de ternura y crudeza al mismo tiempo, cuyo desenlace no dejará a nadie indiferente.

jueves, 14 de octubre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - textos (III)

Los médicos afirman que muere más gente de noche que de día. La noche es el miedo.
De noche se está indefenso, a merced de lo astuto, de la astuta muerte.
Sin embargo, yo prefiero la noche, porque de noche (gracias a las drogas) duermo. Además de que las más fuertes tentaciones de suicidio las he tenido de día.

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¿Por qué las ejecuciones tienen lugar al amanecer?
El hombre abre el día poniéndose la toga y matando.

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A media tarde, hay un momento en que algo se quiebra. Los enfermos empiezan a tener fiebre, los pájaros a chillar, el trepidar de los motores de las barcas es otro, más opaco y encauchutado. De pronto, el sol se pega un tiro en la sien y se va; y la tierra entra en la gran melancolía.
A media tarde, algo me desasosiega. Como si dudara entre ser el que fui o el que seré. Como si hubiera robado a otro hombre, con insolencia, el corazón que me late. Veo radiografías por todas partes. Y si salgo a la terraza, el viento me trae recuerdos no míos, deseos de oler, nostalgia de islas que no he habitado o que ni siquiera existen.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - textos (II)

Mi madre seguía interrogándome con la mirada.
"¿Qué te propones, hijo?"
Mi madre no ha comprendido nunca ni a los estetas ni a los estoicos. Es vida, vida fluente y cree en la resurrección. Le dolió que le sacaran una muela porque dijo que una parte de su ser -extirpada- dejaría de amar a sus hijos. Mi madre tiene en el fondo de los ojos una habitación para cada hijo y por entonces yo ocupaba la más oscura.
Ahora sé que mi madre estaba en un error. Su muela extirpada seguía siendo suya, seguía amando. A mí me duelen incluso los cabellos que me han cortado, el agua que he sudado hace años, las risas de mi niñez.
En lo más hondo de mí hay un cementerio al que va a parar todo lo que de mí aparentemente muere.

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Signos de derrumbamiento:
No me lavo los pies. Me calzo los calcetines del revés. Camino impávido, sin sortear los charcos. Hurgo en los bolsillos buscando migas o algo que morder. Pronuncio para adentro sílabas inconexas: mu, si, jo, pa...
Cruzo la calzada aunque los tranvías estén muy cerca.

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La depresión me ha electrocutado el alma.

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No tengo curiosidad. ¿Para qué? Cuando veo salir el sol pienso en su crepúsculo.
El periódico no puede traer nada que no haya ya ocurrido.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Los fantasmas de mi cerebro - textos

Las deudas me hacían sufrir ¡claro que sí...! Toda la ciudad me miraba irónicamente. Era como si infinitos dedos me arañasen el corazón. Pero el cerebro conseguía a menudo independizarse, pensar sólo en cosas agradables. O podía, simultáneamente, gozar y sufrir por zonas. Ahora he descubierto que el ser es una unidad y sufro enteramente. Por entonces, me bastaba con una taza de café -de pie en la barra de un bar- o con encender un pitillo para cambiar totalmente el estado de ánimo. Ahora, con el vértigo, no puedo estar de pie; y el olor del bar me marea; y no puedo fumar. Y nada, ni un cataclismo, cambiaría mi estado de ánimo.
Lo siento por mí, mucho, mucho. Porque tenía una gran capacidad para ser feliz y mi madre profetizó muchas veces que lo sería.
Pero lo siento más aún por mi mujer, cuyos ojos luchan, pero están tristes.

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A veces, veía de lejos a mi padre. Caminaba arrastrando un poco los pies, con el sombrero colocado con descuido. Había en él algo de fatiga moral, prematura. Parecía estar pensando puñales. Yo lo seguía a distancia, avergonzado. Sabía que algunos de estos puñales eran míos.
Mi madre ha tenido siempre más energía. Ha sido siempre más fanática. Cree con firmeza en unas cuantas cosas y esto ayuda mucho. Yo no creo sino en la Duda y si llevara sombrero éste me colgaría de una oreja.

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Mi mujer, mezcla de espíritu infantil y de madurez, siempre soñaba con pequeños y grandes inventos prácticos.
-¿Por qué no se inventan, para el invierno, unos zapatos con suela calorífera?
-¿Por qué no se envasa, en verano, la energía solar?
-¿Por qué no hay medias cuyos puntos no se corran?
-¿Por qué hay que llevar durante nueve meses el hijo en el vientre?
Ahora querría inventar algo que me curara la depresión. A veces, en la terraza, medita, comiéndose pedazos de piel. Medita esto, no cabe duda. Querría verme reír. Con oírlo no le bastaría. Porque no hay sonidos que puedan parecerse tanto como los de la risa y el llanto.