Para troncharse
"Todo el asunto de los esqueletos de dinosaurios fosilizados fue un chiste que los paleontólogos no acaban de coger"
"Dios no juega a los dados con el universo; juega a un juego inefable de invención Propia, que se podría comparar, desde la perspectiva de cualquiera de los jugadores, a verse envuelto en una versión oscura y compleja de póquer en una sala a media luz, con cartas en blanco, apuestas infinitas y un Tío que reparte sin explicar las reglas y que no para de sonreír"
lunes, 4 de marzo de 2013
martes, 5 de junio de 2012
Transformación (relato)
Mi voz era la de un villano. De manera que guardé silencio, y giré mi rostro hacia el cielo para evitar la visión con mi sombra; y me dediqué a contar las horas, y a rumiar sobre la dirección que tomaría a partir de ahora. [...] Durante las noches oscuras dormí, y soñé con ver mis deseos cumplidos. Dos soles se habían puesto, el tercero se despertaba. Me sentía nervioso, atemorizado. ¡Oh, esperanza; cuán temible resultas cuando es el miedo en lugar de las ilusiones el que te prende con su fuego! ¡Cómo te enroscas alrededor de los corazones , torturando cada uno de sus latidos! Cómo clavas aguijones desconocidos por todo nuestro débil mecanismo, que a ratos parece que nos haces temblar como cristales reducidos a nada, y a ratos nos otorgas algo parecido a la fortaleza, que tampoco sirve de nada; y así nos atormentas con sensaciones opuestas, como las que debe sentir un hombre fuerte que no es capaz de romper sus grilletes aunque se doblen en sus manos.
Mary Shelley
Mary Shelley
jueves, 3 de mayo de 2012
El ecologista escéptico (fragmento)
La contaminación atmosférica en el pasado
Hace al menos seis mil años que se conoce la contaminación atmosférica procedente del plomo, cuya primera alarma notable apareció en tiempos de los griegos y los romanos. Quinientos años antes de Cristo, el plomo contenido en el aire de Groenlandia superaba en cuatro veces al de las civilizaciones europeas antes de que comenzaran a fundir metales. En la Roma antigua, Séneca se quejaba del "pestilente, sucio y denso aire" de la ciudad.
En 1257, cuando la reina de Inglaterra visitó Nottingham, encontró el fétido olor del humo del carbón ardiendo tan insoportable que llegó a temer por su propia vida. En 1285, el aire de Londres estaba tan contaminado que el rey Eduardo I estableció la primera comisión sobre contaminación atmosférica de la historia, y veintidós años después prohibió la quema de carbón, aunque esta norma nunca se cumplió.
En el siglo XIV se intentó prohibir que la basura fuera arrojada al río Támesis y a las calles de Londres, con el fin de evitar el tremendo olor que provocaba, pero sin éxito. En 1661, John Evelyn afirmaba que "la mayoría de los londinenses respiran una sucia y fina niebla, acompañada por un vapor fuliginoso y asqueroso, que destroza los pulmones". [...] La ciudad estaba tan contaminada que el poeta Shelley escribió: "El infierno debe de ser muy parecido a Londres, una ciudad abarrotada de gente y de humo".
Gran parte de la contaminación procedía del carbón mineral, materia prima muy barata que contiene un alto grado de azufre, y del carbón vegetal, que se utilizaban en la industria desde el siglo XIII. La deforestación que sufrieron los alrededores de Londres encareció la madera, y desde comienzos del siglo XVII en las casas particulares se empezó a quemar carbón en grandes cantidades, lo que multiplicó por veinte su consumo durante los cien años siguientes.
El deterioro del aire llevó a muchos ciudadanos a protestar a finales del siglo XVII. Mucha gente comprobó que los edificios se estaban picando y que las estructuras de hierro se corroían mucho más deprisa. Incluso antes de terminar la restauración de la catedral de San Pablo, el edificio volvió a estar ennegrecido. [...]
Las consecuencias son muy diversas. Mientras en el siglo XVIII la niebla cubría Londres unos veinte días al año, a finales del siglo XIX la cifra superaba los sesenta días. Por lo tanto, no es sorprendente el hecho de que Londres reciba un 40% menos de luz solar que los pueblos de sus alrededores. De forma similar, las tormentas eléctricas se duplicaron en Londres desde principios del siglo XVIII a finales del siglo XIX.
La densa contaminación provocó un aumento considerable en los fallecimientos humanos. No obstante, la gente empezó a darse cuenta de una cierta relación entre la contaminación y las enfermedades. No es casual que la bronquitis se conociera inicialmente como la "enfermedad británica". La última niebla severa de diciembre de 1952 se cobró la vida de unos cuatro mil londinenses en tan sólo siete días.
La densa contaminación provocó un aumento considerable en los fallecimientos humanos. No obstante, la gente empezó a darse cuenta de una cierta relación entre la contaminación y las enfermedades. No es casual que la bronquitis se conociera inicialmente como la "enfermedad británica". La última niebla severa de diciembre de 1952 se cobró la vida de unos cuatro mil londinenses en tan sólo siete días.
jueves, 26 de abril de 2012
El ecologista escéptico (fragmento)
Recursos no energéticos
La preocupación por el agotamiento de los recursos no sólo afecta a la energía; también la sufren gran cantidad de materias primas no renovables que utilizamos a diario.En realidad, siempre hemos temido quedarnos sin recursos. En la antigüedad ya se hablaba de la posible escasez futura de cobre y estaño. En el conocido libro Limits to Growth de 1972 se subrayó la antigua creencia y se afirmó que gran parte de los minerales podían agotarse pronto. El oro se acabaría en 1981, la plata y el mercurio en 1985, y el cinc en 1990. Pero, tal como viene siendo habitual, nada de esto se ha cumplido.
La pesimista (y perdida) apuesta sobre el fin de los recursos
Aunque los economistas llevan tiempo afirmando que los temores sobre el agotamiento de los recursos carecen de base, este miedo fue increíblemente asumido por muchos intelectuales de los años setenta y ochenta.Harto ya de las incesantes afirmaciones que daban por terminadas las reservas petrolíferas, alimentarias y de materias primas, el economista Julian Simon desafió en 1980 a estas creencias catastrofistas: apostó 10.000 dólares a que cualquier materia prima que eligieran sus oponentes habría bajado de precio al menos un año después. Los ecologistas Ehrlich, Harte y Holdren, todos ellos de la universidad de Stanford, aceptaron la apuesta, afirmando que "la tentación del dinero fácil resultaba irresistible". Los ecologistas eligieron para la apuesta el cromo, el cobre, el níquel, el estaño y el tungsteno, fijando como plazo un margen de diez años. La apuesta debía comprobarse pasado ese tiempo, determinando si los precios reales (con la corrección correspondiente a la inflación) habían subido o bajado. En septiembre de 1990, no sólo el total de las materias primas, sino cada una de las apostadas, habían bajado de precio. El cromo había bajado un 5% y el estaño un increíble 74%. Los pesimistas habían perdido.
En realidad era imposible que ganaran. Ehrlich y compañía habrían perdido incluso aunque hubieran apostado por el petróleo, por alimentos como el azúcar o el café, por el algodón, la lana, los minerales o los fosfatos. Todos habían bajado de precio.
El ecologista escéptico (fragmento)
La crisis del petróleo
¿Por qué estamos pensando siempre que se agota el petróleo cuando no es cierto?En 1865, Stanley Jevons, uno de los científicos europeos mejor considerados, escribió un libro sobre el uso del carbón en Inglaterra. En su análisis, la revolución industrial mostró un continuo incremento en la demanda de ese producto, lo que inevitablemente podía causar la desaparición de las reservas inglesas de carbón y detener la evolución de su industria. "Nada indica que pueda aparecer algo que sustituya al agente principal de la industria". Sus argumentos no diferían demasiado de los que se exponen en el libro Limits to Growth.
Pero lo que él ignoraba es que cuando el precio del carbón subiera, también lo harían los incentivos para buscar usos más eficientes del carbón, para descubrir nuevas reservas, para abaratar los costes de transporte y para encontrar fuentes de energía alternativas, como el petróleo. La crisis pronosticada por Jevons nunca tuvo lugar.
Tanto la idea de que podemos utilizar mejor los recursos como la de que cada vez podemos encontrar más entran en lo que podemos considerar la ingenuidad humana. Es cierto que la Tierra es esférica y limitada, pero eso no es necesariamente un impedimento importante. El verdadero problema consiste en determinar qué tamaño tienen los depósitos que podemos explotar. Aunque parezca que estos depósitos son limitados, si el precio sube, asimismo lo hará el deseo de encontrar nuevos yacimientos y de desarrollar mejores técnicas de extracción. Por lo tanto, la subida del precio eleva también nuestras reservas totales, con lo que el precio volverá a bajar.
1) Recursos conocidos no es una entidad finita. No es que ya conozcamos todos los lugares en los que hay petróleo y sólo esperemos a extraerlo. Continuamente se exploran zonas nuevas y se encuentran nuevos yacimientos. Pero la búsqueda cuesta dinero, por lo que no se iniciarán nuevas localizaciones mientras haya suficiente producción.
2) Cada vez explotamos mejor nuestros recursos. El uso de modernos avances tecnológicos nos permite extraer más petróleo de los yacimientos ya conocidos, descubrir nuevas zonas de extracción y comenzar a extraer petróleo en yacimientos que antes resultaban demasiado caros y/o difíciles de explotar. La primera perforación que se realiza en un yacimiento suele aprovechar tan sólo un 20% del petróleo que contiene. Incluso utilizando las más modernas técnicas, además de agua, vapor o inundaciones químicas, más de la mitad del contenido permanece en tierra sin ser extraído. Se calcula que los diez campos petrolíferos más grandes de Estados Unidos seguirán conteniendo el 63% de su petróleo original cuando finalice su explotación. Por lo tanto, aún queda mucho petróleo aprovechable en dichas áreas.
Al mismo tiempo, cada vez obtenemos más rendimiento por cada litro de petróleo, y aún tiene que mejorar bastante.
3) Podemos sustituir. Lo que en realidad demandamos no es el petróleo en sí, sino los servicios que nos proporciona. La energía que más solicitamos es la que nos permite calentarnos, y actualmente podemos obtenerla de otras fuentes distintas del petróleo. Por lo tanto, si encontramos otras fuentes de energía mejores y más baratas, prescindiremos del crudo. En Inglaterra, allá por el año 1600, la madera empezó a encarecerse drásticamente (por culpa de la deforestación local y de la deficiente infraestructura), lo que obligó a un cambio progresivo hacia el consumo de carbón. A finales del siglo XIX se produjo un cambio similar, esta vez desde el carbón al petróleo.
A corto plazo, parece más razonable sustituir el petróleo por los otros combustibles fósiles conocidos, el gas y el carbón. Sin embargo, a más largo plazo cabe la posibilidad de que cubramos gran parte de nuestras demandas energéticas mediante la energía nuclear, eólica y solar, la biomasa o el aceite de esquisto bituminoso.
El ecologista escéptico (fragmento)
Malthus y el hambre eterna
Parece obvio que cuanta más gente habite la Tierra menos comida habrá para cada uno. Esta sencilla teoría la formuló en 1798 el reverendo Thomas Malthus, un economista y demógrafo ingles. El argumento se hizo muy popular en los años setenta gracias al exitoso libro Limits to growth.La teoría de Malthus defendía que la población crece anualmente de forma exponencial. La población del planeta se duplica cada cuarenta años. Por lo tanto, en ochenta años seremos cuatro veces más y en ciento veinte años nos habremos multiplicado por ocho. La producción de alimentos crece más despacio -con un crecimiento lineal-. Podría duplicarse en cuarenta años, pero en ochenta no pasaría del triple actual, y en ciento veinte años sólo sería cuatro veces mayor que ahora. La población crecerá cada vez más deprisa, mientras el crecimiento de la producción alimentaria se mantiene constante. Por lo tanto, a largo plazo la producción de alimentos perderá la carrera frente a la población. Mucha gente morirá de hambre.
La teoría de Malthus es tan simple y atractiva que muchos reconocidos investigadores cayeron en ella. Pero las pruebas parecen desmentir esta teoría.
La población raramente crece de forma exponencial. Del mismo modo, la producción de comida no aumenta linealmente. De hecho, la producción agrícola mundial se ha duplicado desde 1961, y en los países en vías de desarrollo es ahora más del triple. Esto significa que se ha producido un crecimiento estable en la cantidad de comida disponible para cada miembro de la población.
Según la definición de Naciones Unidas, una persona pasa hambre si no ingiere suficiente comida como para realizar una actividad física suave. A nivel global, la proporción de personas hambrientas ha bajado desde un 35% a un 18%, y las previsiones apuntan a que esta cifra caerá hasta un 12% en 2010. La cifra es esperanzadora si se compara con el 45% que se predijo en 1949.
martes, 24 de abril de 2012
El ecologista escéptico (fragmento)
Realidad: el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)
El WWF centró su interés a finales de 1997 en los incendios que arrasaban los bosques de Indonesia, causando espesas nubes de humo que cubrían gran parte del Sudeste Asiático. No hay duda de que este fenómeno resultó dañino para los habitantes de las ciudades, pero el WWF subrayó el hecho de que los incendios forestales no eran más que una señal de que los bosques del mundo estaban "en peligro", noticia que el Instituto Worldwatch ya había anunciado en 1997 como uno de los primeros signos de un desastre ecológico.El WWF proclamó 1997 como "el año en que se incendió el mundo", porque "en 1997, el fuego arrasó más bosques que en cualquier otra época de la historia". Resumiendo, el presidente de WWF, Claude Martin, aseguró, sin lugar a dudas, que "no se trata únicamente de una emergencia; es un desastre planetario". Pero tras una inspección más detallada las cifras no apoyan esta denuncia: 1997 estuvo bastante por debajo del récord, y el único motivo por el que en ese año los incendios de bosques en Indonesia fueron noticia es el hecho de que por primera vez irritó tremendamente a los habitantes de las ciudades. En total, los incendios forestales en Indonesia afectaron aproximadamente al 1% de los bosques de ese país.
De forma similar, WWF en 1997 aseguró en una nota de prensa: "Dos terceras partes de los bosques del mundo se han perdido para siempre". Tanto en esa nota como en su informe anual sobre bosques de 1997, explicaban cómo "las últimas investigaciones llevadas a cabo por WWF muestran que al menos dos terceras partes de la cubierta forestal original de la Tierra se habían perdido". Esta afirmación me resultó asombrosa, ya que la mayoría de las fuentes consultadas cifraban esas pérdidas en un 20%. Esta incongruencia me llevó a llamar a los responsables de WWF en Inglaterra y a hablar con Rachel Thackray y Alison Lucas, que habían sido las responsables de la nota de prensa, y pedí ver el informe de investigación de WWF. Todo lo que pudieron decirme fue que, en realidad, nunca había existido ese informe y que WWF obtuvo los datos de Mark Aldrich, del World Conservation Monitoring Centre. Aparentemente, sólo se habían fijado en los datos máximos, y debido a problemas de definición habían incluído los bosques del hemisferio Norte en la primera valoración de la cubierta forestal original, pero en la posterior los habían omitido.
A partir de ese no informe, WWF nos decía: "Ahora que sabemos la extensión de bosque perdido... Lo realmente aterrador es que el ritmo de destrucción de bosques se ha acelerado tremendamente en los últimos cinco años y continúa aumentando". Sin embargo, la ONU nos dice que la tasa de deforestación fue de un 0,346% en los años ochenta y de sólo un 0,32% en el período de 1990-1995, lo que supone que no sólo no se ha incrementado tremendamente, sino que se ha reducido.
El WWF nos cuenta que la deforestación es máxima en Brasil, donde "sigue produciéndose la mayor tasa anual de bosques perdidos de todo el planeta". Los datos reales nos demuestran que la tasa de deforestación de Brasil se encuentra entre las menores dentro de los bosques tropicales; de acuerdo con los datos proporcionados por la ONU, la tasa de deforestación anual en Brasil es del 0,5% frente al 0,7% anual de media.
domingo, 22 de abril de 2012
El ecologista escéptico (fragmento)
Las cosas van "mejor", pero no necesariamente "bien"
No es cierto que estemos acabando con la energía ni con los recursos naturales. Cada vez habrá más alimento per cápita para la población mundial. Cada vez hay menos gente que pasa hambre. En 1900, nuestra esperanza de vida estaba en 30 años, actualmente llega hasta los 67 (tened en cuenta que el libro tiene sus años). Según los datos proporcionados por Naciones Unidas, la pobreza se ha reducido más en los últimos cincuenta años que en los quinientos anteriores, prácticamente en todos los países del mundo.Aunque es cierto que se está produciendo un leve calentamiento global, su valor y proyección futura se juzgan irrealmente de forma pesimista, y el remedio de reducir de forma drástica e inmediata el consumo de carburantes fósiles resulta incluso peor que el problema original; es más, su impacto total no supone un problema devastador para nuestro futuro. Tampoco es cierto que vayamos a perder entre el 20-50% de las especies durante nuestra vida; de hecho, es probable que sólo desaparezcan el 0,7%. La lluvia ácida no está matando nuestros bosques, y el aire y el agua que nos rodean están cada vez menos contaminados.
En realidad, el destino de la humanidad ha mejorado prácticamente en todos los indicadores analizables.
Pero piensen con detenimiento en lo que estoy diciendo: la mayoría de los indicadores muestran que el destino de la humanidad ha mejorado enormemente. Sin embargo, esto no significa que todo vaya razonablemente bien. Todo lo que he leído por ahí me ha hecho descubrir la importancia de esta distinción. Son muchos los que creen poder demostrar que estoy equivocado, por ejemplo constatando que hay mucha gente que aún pasa hambre. "¿Cómo puede decir que las cosas van mejor cuando el 18% de la población en países en desarrollo aún pasa hambre?"
El hecho es que cada vez hay menos gente en el mundo que pasa hambre. En 1970 el 35% de los habitantes en países en desarrollo pasaba hambre. En 1996 la cifra había bajado hasta el 18%, y la ONU prevé que descienda hasta el 12% en 2010. Esto se puede considerar un progreso importante. Hasta el día de hoy, las personas que cuentan con comida suficiente se han incrementado en dos mil millones.
La situación alimentaria ha mejorado considerablemente, pero en 2010 aún habrá 680 millones de personas pasando hambre, lo que, como es obvio, no puede calificarse de suficientemente bueno.
La diferencia resulta esencial; cuando las cosas no van suficientemente bien, la misión es sencilla: debemos reducir el hambre en el mundo. Este es nuestro objetivo político.
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